Hace unas semanas conversaba
con la profesora - compañera de trabajo María Isabel Puerta y mencionó una
frase que me parece muy pertinente para reflexionar en estos días: democratización de la escasez. Se
refería la Dra. Puerta a lo común que es ver a la gente haciendo cola para
adquirir cualquier bien o servicio. En una estación de servicio había cola para
echar gasolina y en el centro comercial de al lado de la bomba, la cola era
para entrar a un supermercado de la red pública de expendio de alimentos,
comentaba que la cola le daba la vuelta al centro comercial.
La escasez se ha convirtió,
lamentablemente, en algo cotidiano. Parecería ser la norma y no la excepción.
En este sentido, la “cola” se erige
como la expresión más genuina y elaborada del modelo económico del actual
gobierno. Detrás de las regulaciones que el gobierno impone, surge la cola como
elemento común y palpable de lo que significa “tener patria”. Desde los certificados de no producción para las
empresas hasta la compra en el supermercado, pasando por la venta de
electrodomésticas y vehículos, la “cola”
se asume como un costo inevitable. Si se trata de un permiso para poder operar
legalmente, se habla de “ ¿y en cuanto sale eso?” y si es de la compra
diaría de cualquier bien se pregunta “¿está
muy larga la cola?”, “¿hay mucha cola?”,
expresiones para referirse al tiempo que se pierde para comprar un bien hay
muchas, cada quien usa la suya, lo importante es que el tema está siempre
presente, para lo que sea, de no ser así, no seríamos la “Venezuela bolivariana del siglo XXI”
Económicamente, la noción de
“cola” supone dos cosas: un costo
adicional al precio de los bienes, medido en tiempo y que forma parte del costo
de oportunidad de hacer esa compra, es decir, si no tienes tiempo no compras en
determinado establecimiento porque la “cola”
es muy larga. Por otra parte, indica que mucha gente que hace inmensas colas
para comprar tiene el tiempo disponible para hacerlo, es decir, no implica un
costo de oportunidad pasar mucho tiempo en una “cola”, sin embargo, así lo hagas después de llegar al trabajo, se
estaría sacrificando tiempo que es valioso para otro tipo de actividades que
podrían ser muchos más productivas como por ejemplo la educación de los hijos,
compartir en familia o hacer ejercicios.
La escasez se ha apoderado
de la rutina del venezolano y su mejor expresión es la “cola”, ya no solo basta con el tráfico diario, los semáforos y el
exceso de vehículos (o la falta de infraestructura vial, eso se lo dejo a
ustedes) sino que adicionalmente hay que lidiar con la nueva “forma organizacional” para comprar
alimentos y cualquier otro bien.
La escasez que vive nuestro
país hoy es sencillamente indefendible no hay forma ni manera que la gente esté
de acuerdo con eso. Los casos de las largas colas para comprar bienes regulados
en la red pública de alimentos y el dakazo son excepciones de esa oscura
miseria que los venezolanos demuestran cuando le dan los incentivos para
hacerlo, del resto, es injustificable y mucho menos razonable como se vive hoy
en Venezuela.
En este sentido, la “democratización de la escasez” planteada
por la profesora Puerta tiene unas implicaciones demasiado importantes como
para dejarla pasar por debajo de la mesa. Se trata de una visión económica y
social que poco a poco se expande y que no sabemos si se impondrá o por el
contrario la fuerza de los hechos sea la que termine de hacerle entender a este
nefasto gobierno que esa no es la vía y que existen mecanismos más eficientes
para garantizar el modelo de extracción de rentas que ha prevalecido en el país
durante toda nuestra vida democrática. La “democratización
de la escasez” vía colas y listas de espera es el más claro símbolo de
primitivismo económico y social que país alguno puede presentar, esa es la
Venezuela que tenemos, lamentablemente el gobierno se niega entrar al siglo
XXI. Ya pasó con Juan Vicente Gómez, ¿pasará lo mismo con la revolución?, eso
está por verse.
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