La cédula del BUEN VIVIR

Para aquellos que no leyeron mi artículo del lunes pasado en el Notitarde, aquí lo tienen:
Durante la semana pasada el Comandante-Presidente comentó el lanzamiento de un nuevo instrumento financiero denominado (por ahora) la “cédula del buen vivir”. Al momento de escribir estas líneas no queda muy claro cómo funcionará el mecanismo, lo que se sabe por boca del primer Mandatario Nacional es que la idea “no es promover el consumismo, sino para comprar la justo”.
El tema tiene matices y es bueno aclarar algunas cosas al respecto. Técnicamente la “cédula del buen vivir” sería un Programa de Transferencia Monetaria Condicionada (conditional cash transfer) y existen muchos casos en Latinoamérica, siendo los más representativos “Bolsa Familia” de Brasil (el más grande del mundo) y “Oportunidades” de México. Este tipo de programas busca dos (2) objetivos fundamentales: reducir la pobreza y aumentar la inversión en capital humano. Son condicionados porque los beneficiarios de los programas deben cumplir con requisitos para formar parte y seguir en el mismo, como por ejemplo, tener un % mínimo de asistencia al colegio (para los niños y adolescentes) y chequeos médicos ó controles pre y postnatal (para las madres), entre muchos otros.
En el caso particular de Brasil, el programa se enfoca en la familia en su conjunto, es decir, la familia completa es la que debe cumplir con las condiciones que impone el programa y no solamente uno de sus miembros. Por otra parte, son preferiblemente las mujeres las que reciben la transferencia y uno de los resultados positivos es que mucha gente ha sido incluida en el sistema bancario y financiero, es decir, funciona como mecanismo de bancarización. Probablemente, “Bolsa Familia” sea el programa de transferencias monetarias condicionadas de mayor impacto en el mundo durante los años recientes.
Como ven, el asunto no suena mal entre otras cosas porque es de gran ayuda para los más pobres (está destinado a familias con ingresos menores de 52$ mensuales, lo que representa el 25% del salario mínimo nacional de Brasil). En el papel todo se ve muy bien, sin embargo, en la Venezuela Bolivariana y Revolucionaria tenemos que ver cómo se aplicará el programa y cuales objetivos tendrá. En un país donde la posibilidad de implementar políticas públicas ha desaparecido de plano, luce cuesta arriba implementar un programa de este tipo porque no se sabe a ciencia cierta que condicionantes entrarán en juego: ¿los políticos o los socioeconómicos?
Sincera y lamentablemente debo afirmar de manera responsable que sería un lujo implementar algo parecido en nuestro país, es decir, hoy el Gobierno Nacional no tiene la capacidad operativa de llevar a cabo algo parecido porque la puesta en marcha de los condicionantes que permitan hacer las transferencias a las familias que formarían parte del programa son difíciles de desarrollar, dada la realidad política del país. La idea sale a relucir en una campaña electoral, lo cual hace pensar que forma parte de una estrategia política como en su momento lo fue el lanzamiento de las misiones.
Implementar la “cédula del buen vivir” con el fin de comprar lo justo, genera una gran interrogante: ¿Quién decide qué es lo justo y necesario? , ¿Será ese el principal condicionante del programa: COMPRAR LO JUSTO? Si es así está condenado al fracaso porque lo justo dependerá de alguien que dictamine o imponga su preferencia sobre el colectivo y eso en realidad puede traer graves problemas.La coyuntura política del país, indica que este programa surge como una tarjeta “Mi negra” pero del gobierno, falta ver si sale a la calle antes del 26S y bajo qué condiciones. Posiblemente el gobierno tenga meses trabajando en ello y no lo sabemos pero aun así veo poco probable que funcione: estos programas tienen que ser diseñados para el largo plazo y no para una coyuntura política. Lamentablemente una buena idea podría convertirse en una tortura para los sectores populares de nuestro país, eso sería una verdadera lástima